Metales pesados: las exposiciones invisibles de tu día a día

Nuestra estructura orofacial y, en particular, la articulación temporomandibular (ATM), están integradas dentro de un sistema de conexiones neurológicas y musculares mucho más amplio.
Entre estas conexiones encontramos la vía trigémino-cervical, una de las vías de relación dentro del sistema nervioso que ayuda a comprender cómo determinadas modificaciones en la región orofacial pueden relacionarse con la zona cervical y con el resto del cuerpo.
Por eso, aspectos como la tensión mandibular, la forma de masticar o determinadas modificaciones orofaciales pueden tener repercusiones sobre nuestra postura, nuestra manera de caminar y la forma en la que colocamos y apoyamos los pies.
Y si cambia nuestra manera de organizar el movimiento, también puede cambiar cómo distribuimos las cargas a lo largo de la columna.
Por eso, ante un dolor lumbar, quizá la pregunta no debería ser únicamente:
¿Dónde podemos encontrarlos?
En los alimentos que llegan a nuestro plato
La alimentación es una de las vías habituales por las que podemos entrar en contacto con
determinados metales y otros contaminantes ambientales.
Algunos pescados de gran tamaño, como el pez espada o determinados tipos de atún, pueden
acumular mercurio a lo largo de su vida. Por este motivo, las recomendaciones de consumo de
pescado tienen en cuenta tanto la especie como la frecuencia de consumo y determinados grupos
de población.
El arroz, por su parte, puede contener arsénico, un elemento que puede estar presente de forma
natural en determinados suelos y aguas y cuya concentración puede variar según las condiciones de
cultivo y el origen del producto.
La cuestión no es eliminar estos alimentos de nuestra dieta, sino conocer las posibles fuentes de
exposición y mantener una alimentación variada.
El agua que bebemos
La calidad del agua depende de múltiples factores. Además del tratamiento y los controles que
recibe el agua de consumo, las instalaciones y tuberías antiguas pueden influir en determinados
casos.
Por ejemplo, las tuberías o elementos de fontanería que contienen plomo pueden contribuir a su
presencia en el agua.
También es importante recordar que el hecho de que un agua sea embotellada o haya pasado por
un sistema de filtración no significa automáticamente que esté libre de todos los contaminantes. Los
sistemas de tratamiento tienen características y capacidades diferentes, por lo que es importante
conocer qué sustancias puede reducir cada uno.
El aire que respiramos
La contaminación atmosférica constituye otra posible vía de exposición.
El tráfico, determinadas actividades industriales, la combustión y el humo del tabaco pueden
contribuir a la presencia de diferentes contaminantes ambientales, entre ellos determinados metales
como plomo o cadmio, dependiendo de la fuente y del contexto.
Aunque muchas de estas exposiciones no sean perceptibles a simple vista, forman parte de nuestro
entorno y pueden variar considerablemente según el lugar donde vivimos, trabajamos o pasamos
nuestro tiempo.
Cosméticos y productos de belleza
Nuestra rutina de cuidado personal también merece atención.
Los productos cosméticos comercializados legalmente están sujetos a controles y regulaciones. Sin
embargo, determinados productos de procedencia dudosa, falsificados o no regulados pueden
presentar un mayor riesgo de contener sustancias no declaradas o contaminantes.
Esto es especialmente relevante en algunos productos adquiridos fuera de los canales habituales,
como determinados cosméticos, pigmentos o tintes.
Por ello, elegir productos de procedencia fiable y revisar su etiquetado constituye una medida
sencilla para reducir exposiciones innecesarias.
Lo que utilizamos en la cocina
También merece la pena prestar atención a los materiales que entran en contacto con nuestros
alimentos.
Los utensilios y recipientes destinados a cocinar deben cumplir la normativa correspondiente. Sin
embargo, el deterioro, un uso inadecuado o temperaturas superiores a las recomendadas pueden
favorecer la degradación de algunos materiales.
Por eso, conviene seguir las indicaciones de uso del fabricante, sustituir los utensilios que presenten
un deterioro importante y evitar utilizar recipientes para fines distintos de aquellos para los que han
sido diseñados.
¿Qué ocurre cuando la exposición se mantiene en el tiempo?
Pinturas antiguas, determinadas actividades de bricolaje, algunos productos industriales de uso
doméstico y ciertos materiales pueden constituir fuentes de exposición dependiendo de su
composición y de las condiciones de uso.
En viviendas antiguas, por ejemplo, las pinturas que contienen plomo pueden ser especialmente
relevantes cuando se deterioran, se lijan o se generan polvo y partículas durante una reforma.
Aquí, la prevención es especialmente importante: una adecuada ventilación, unas buenas prácticas
durante las reformas y evitar generar polvo innecesariamente pueden ayudar a reducir la exposición.
Productos y materiales del hogar
Algunos metales pueden distribuirse por diferentes tejidos y órganos y, dependiendo del metal, de la
cantidad y del tiempo de exposición, pueden acumularse en el organismo.
Entre los órganos y tejidos que pueden verse implicados se encuentran el riñón, el hígado, los
huesos y el sistema nervioso, aunque cada metal tiene un comportamiento y unos efectos
biológicos diferentes.
Además, algunas exposiciones pueden producirse a niveles que no generan síntomas evidentes de
forma inmediata. Por eso, no debemos utilizar la ausencia de síntomas como prueba de que existe o
no existe exposición.
Es importante diferenciar, además, entre presencia de un metal y toxicidad. Detectar una
sustancia no significa necesariamente que exista una intoxicación. La interpretación depende de la
sustancia concreta, su concentración, la vía de exposición, el tiempo y el contexto clínico.
Reducir la exposición sin caer en la alarma
La prevención no consiste en intentar eliminar de nuestra vida todos los productos o alimentos que
puedan contener trazas de determinados elementos.
- Mantener una alimentación variada y equilibrada.
- Variar las especies de pescado que consumimos y seguir las recomendaciones oficiales de
consumo. - Prestar atención al origen y la calidad de los alimentos y productos que adquirimos.
- Utilizar correctamente los sistemas de filtración de agua y conocer qué contaminantes pueden
reducir. - Evitar productos cosméticos de procedencia dudosa o no regulada.
- Sustituir utensilios de cocina que estén deteriorados y respetar las instrucciones de uso.
- Extremar las precauciones durante reformas de viviendas antiguas, especialmente cuando
pueda existir pintura con plomo. - Evitar la exposición al humo del tabaco.
- Mantener una adecuada ventilación en los espacios interiores.
Y, sobre todo, no convertir la preocupación por los contaminantes ambientales en una fuente
adicional de estrés. El objetivo es identificar exposiciones evitables y tomar decisiones informadas,
no vivir con miedo a nuestro entorno.
¿Cuándo tiene sentido valorar una exposición?
Si existe una exposición conocida o mantenida —por ejemplo, relacionada con un entorno laboral,
una reforma, determinados productos o una fuente ambiental concreta— puede ser conveniente
comentarlo con un profesional sanitario.
Las pruebas para valorar la exposición a metales deben solicitarse e interpretarse teniendo en
cuenta el contexto. No todos los metales se comportan igual en el organismo y no todas las pruebas
aportan la misma información.
Por eso, ante una sospecha concreta, lo adecuado es realizar una valoración individualizada y evitar
la interpretación aislada de un resultado.
En resumen
Los metales forman parte de nuestro entorno y algunas exposiciones pueden producirse de manera
cotidiana sin que seamos conscientes de ello. Alimentos, agua, aire, productos de cuidado personal
y materiales del hogar pueden constituir diferentes vías de contacto.
Conocer es el primer paso para prevenir.
No se trata de alarmarnos, sino de observar nuestro entorno, identificar aquellas exposiciones que
realmente podemos reducir y adoptar hábitos saludables basados en información fiable.
Centro Bio Neural Integrativo – Dra. Miriam Naranjo